Archivos para agosto, 2007

No me arrepiento…

Lo maté porque él me lo pidió. Me lo rogó. Me lo imploró. Con lágrimas me lo suplicó.
No podía negarme. Él estaba tan triste, tan nostálgico, tan interiormente apagado que no pude negarme.
Me encontré en uno de los oscuros pasillos del colegio. Vestía igual que siempre. Olía igual que siempre. Caminaba solitario igual que siempre. Sus únicos amigos seguían siendo una calculadora científica y una agemda electrónica. Igual que siempre.
Me llamó. Noté inmediatamente su tono amargo. Lo miré a los ojos y sonreí. No me miró y no sonrió. Continuó callado por cinco segundos. Luego habló.

“…Mi historia es solitaria. No tiene un sentido. Ni siquiera una dirección. Está perdida en la soledad de mis conocimientos. Está extraviada en la amplitud de mi habitación. Todos los intentos que hice por encontrarla fracazaron. No sirvió el sicólogo. No sirvió el computador ni la calculadora. No sirvió desquitarme con los cuadernos y el estudio. No sirvió buscar el amigo que nunca tuve. No sirvió hablar con mis padres porque nunca escucharon. No sirvió nada de todo lo que intenté. Sólo porque yo no quise que sirviera.

Esa es mi historia. Esa es mi desoladora historia.
Ya no encontré el camino. Ya no quiero buscarlo. Sólo quiero alejarme. Olvidar todo y comenzar denuevo.
Ahora necesito tiempo. Sólo un poco más de tiempo. Quiero intentar otra vez. Sé que puedo lograrlo…” 
No lo pensé dos veces. Sus palabras no lograron perforar mi conciencia. Él ya me lo había pedido.
Tomé el cianuro y lo deposité entre sus manos. Me miró por primera vez a los ojos. Abrió el frasco y una de sus lágrimas cayó en el interior. Me miró nuevamente y después de mi señal introdujo toda su naríz en el recipiente.

Me marché del lugar, de la misma manera como había llegado.

No me arrepiento porque él está donde quería. Quizás más sólo que antes, pero alejado de la soledad.

FIN

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Cómo sonarse en público y algo más…

Ya que comienza la época de lluvias fríos y cambios de temperaturas, es necesario hacer un repaso de las instrucciones generales y especificas que tiene la acción de sonarse.

Antes que nada si tú te das cuenta que tu nariz ya no responde como siempre, se tapa con facilidad y llora sin motivo aparente, necesitas la ayuda de un amigo siempre fiel, ese que te saca de apuros en los momentos más difíciles, en los instantes precisos, ese objeto suave de fácil adquisición que puede incluso cumplir muchas otras funciones, pero ninguna de ellas tan noble bella y desinteresada como la de apoyarte en momentos complicados. S¡, tienes raz¢n, de quien estoy  hablando es de la manga de tú ropa.

Ese elemento que siempre te acompaña en estas circunstancias, se puede utilizar de la siguiente manera.

Tomando fuerte el puño con tus dedos y deslizándolo con presión sobre tu fosa nasal, en un movimiento horizontal que abarque la mayor extensión posible de tu brazo. Luego con delicadeza retira los restos líquidos y sólidos que se hayan depositado en la punta de tu nariz.

Terminada esta operación solo te queda respirar onda y fuertemente con el fin de despejar interiormente tus vías respiratorias.

Si haz tenido la suerte de hacerte acompañar por un pañuelo desechable o de otro tipo, ten presente estas acotaciones.

Extiéndelo sobre tus manos, abraza tus orificios nasales con delicadeza. Luego expulsa violentamente todo el aire que puedas almacenar en tus pulmones. Una vez acabada esta operación ejerce con tus dedos toda la presión que tu nariz pueda soportar. Así lograrás limpiar todo ese lugar sin mayores dificultades, pero ojo que pueden existir complicaciones muy desagradables. Como lo que te puede suceder si no contraes tus glúteos en el momento de expulsar el aire. Eso si que puede ser una complicación mayor porque no hay pañuelo, manga, ni objeto fabricado por el hombre que pueda evitar sentir esa horrible sensación de humedad, no en tus narices sinó que, entre tus piernas.

FIN     

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demasiado tarde

Ante los ojos de una persona común puede aparecer como uno de los oficios más simples que se puedan ejercer individualmente.
Para Mario Venegas, es lo único que sabe hacer. Es también, la única actividad que lo separa del rango de desempleado. Es su manera de subsistir. Es el escuálido legado que heredó de su difunto padre. Es la profesión que más odia y al mismo tiempo la que más ama. Es su valioso aporte a la continuidad de las actividades nacionales. Es, como el mismo lo señala, ” una tremenda responsabilidad “.

 Don Mario luce un rostro trabajado por el tiempo, un caminar gastado por los años, una mirada curtida por el cansancio, unas manos agotadas por el diario trajín.

 Desempeña esta profesión hace más de 40 años. Comenzó cerca de los 20, después que terminó la escuela. No fue su propia iniciativa la que lo llevó al mundo laboral. Más bien fue la necesidad económica que afectaba a su familia en los difíciles años 50.

 Su padre lo llevó un día a una agencia de correos de Chile, donde ya trabajaba hacía más de 24 años. Lo presentó a los patrones y casi de inmediato quedó contratado. Desde aquel día no se ha separado de esta institución de servicio público.

Cartero es el oficio de don Mario Venegas Herrera. Lo realiza con esmero y con una responsabilidad admirable. No en vano recorre más de 10 kilómetros en su ” chanchita ” todos los días que sale ha hacer su habitual circuito.

Recuerda cada nombre, cada casa, cada número, cada perro y cada  árbol de todas y cada una de las cuadras que le han sido asignadas durante todos los años en que ha ejercido esta valiosa tarea.

Sus ojos se cristalizan al recordar a su padre. Está orgulloso de ser cartero, pero no le gustaría que alguno de sus hijos siguiera sus pasos. Sabe que son pocos los años que le quedan de actividad y es por este mismo motivo es que los quiere aprovechar al máximo. 

En el ocaso de su vida mira hacia atrás y luego de un momento de reflexión su mentón tiritón hace presente que las lágrimas que caen de sus ojos son de una amarga alegría. 
” Mi vida quizás no ha sido como yo hubiera querido, pero es mía y todas las cosas que tengo en mi humilde casa las logré con esfuerzo y sacrificio. Eso es lo que me hace emocionarme… Además ya es muy tarde… tarde para cambiar las cosas que hice mal y tarde para hacer las que no pude cuando era joven. Por eso es tarde. Por eso también me pongo nostálgico. Porque sé que ya es muy tarde… demasiado tarde”.

FIN

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